El Libertador

SIMÓN BOLÍVAR




Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco. Así como ostentoso era su nombre lo era él mismo. Liberado a temprana edad de la sumisión a unos padres, la fortuna le permitió correr mundos insospechados para un americano. Compartió salones de la aristocracia dominante europea y tuvo la orientación libertaria de su tutor personal Simón Rodríguez..

Soñando con la liberación de su patria fue a recoger en Inglaterra a Miranda para que asumiera esa labor en su tierra. Éste último quedó impresionado por la inmadurez que mostraba Simón, quien no parecía llamado a ser quien fue.

Con "culo de hierro" se recorrió de arriba a abajo el territorio que el soñaba fuera una sola nación. Disfrutaba haciendo campamento en cada finca o caserío que encontraba a su paso, así como conquistando a cuanta bonita encontraba, que las encargaba o las convencía a primera vista y de manera enloquecedora. Dejó regados por todas partes tantos hijos como la naturaleza le permitió engendrar.



Reconoció sólo cuatro hijos, el último de ellos hijo de Ana Cleofe Cuero una "esclava marcada y libre", bautizada en la parroquia de Cali en su presencia y quien llevaría los apellidos Bolívar Cuero. Con ello selló su amor por la gente humilde, que siempre demostraría en sus actos de justicia por donde pasaba como Presidente en ejercicio. El escritorio se lo dejó al traidor de su causa libertaria, su antes amigo que terminó sentándose en el trono despreciado de hecho por el guerrero indomable.


Infancia del Libertador

Se enamoró varias veces pese a su temperamento huidizo a las responsabilidades maritales. Su única esposa se salvó de la infidelidad eterna por su deceso temprano. No discriminó en la escogencia de compañeras de placer, así mismo valoró a todos sus súbditos, solo diferenciados en su trato por el comportamiento leal y honesto que demostraran. Por ellos hizo justicia a su paso en asuntos pequeños y grandes, sin dejar que los sueños encumbrados obnubilaran los asuntos menores.

Definitivamente su mujer fue Manuelita, mujer de armas tomar, no la única con ese nombre pero si la única para ser nombrada como su compañera. A pesar del temperamento altivo de la Sáenz, que lo llevó a Bolívar a huirle a ratos, la reclamó en muchas ocasiones como la indispensable para compartir su soledad.



Sin embargo tomó a solas el camino para encontrar su último día, se despidió de Manuela luego de repartir sus bienes y cargos, consciente que sus proyectos estaban tan muertos como él. A sus 47 años había sufrido de depresión, de paludismo o malaria (obvio), de surmenage (fatiga crónica), también esperable dada su hiperactividad, y de la mortal tuberculosis que terminó siendo su fatal enemiga. Murió con los baúles llenos de sus trofeos valiosos y sin una camisa a la mano para vestir su cadáver. Como el lo declaró, muero desnudo como llegué.

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